Gourmand: No todos los que lo desean lo son.

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La velada comenzó con un refrescante aperitivo de origen austriaco: vino espumoso, limón y licor de flor de sauco. De sabor extraño pero agradable. Fue la primera sorpresa de la cena. Habíamos acudido a cenar a un pequeño restaurante donde buscábamos “el placer de la mesa”. Es decir, encontrar en comunión no únicamente buena comida sino todo un entorno en armonía con los platos, la compañía, la ocasión y la cultura gastronómica.

La gastronomía está de moda, y con ello la confusión en cuanto a su verdadero significado. Término asociado a la comida, con demasiada frecuencia se le confunde con la coquinaria. En cuanto que un cocinero práctica la coquinaria y un gastrónomo degusta los alimentos preparados por aquel. Sin embargo…

En su concepto actual, un gastrónomo es una persona conocedora del arte de la gastronomía, idea que abarca el conocimiento profundo de las cualidades de las materias, los productos, las fórmulas, los procedimientos, el gusto y la estética en la presentación de los alimentos

Simplificando la idea podríamos afirmar que un cocinero trabaja frente al fogón mientras un gastrónomo lo hace en la mesa. Avanzando en la noción, la razón de ser del cocinero es la satisfacción del gastrónomo.

La cosa no es tan fácil, sin embargo, los gastrónomos son también gourmand, gourmet y sibaritas, amén de otras clasificaciones que tienden a los extremos. Todos estos términos nos llegan del francés o del latín, como es el caso de sibarita. Ni que decir del diletante que alcanza gustos más allá de lo gastronómico.

Para confundir aún más, dado que la gastronomía es materia de estudio puede ser una ciencia o un arte. Así pues a los estudiantes de gastronomía en nuestras escuelas  al graduarse se les pretende llamar gastrónomos, lo cual aunque técnicamente lo sean, fisiológicamente no lo son pues nadie garantiza que posean la cualidad del gusto, que sepan comer y que encuentren placer en la cultura de  la  buena mesa.

El pan es bueno: de superficie crocante y caliente como recién salido del horno. La mantequilla, de excelente calidad. Un poco de pan con mantequilla puede ser el mejor “amuse bouche” como dicen los franceses. Un tentempié para el apetito.

Existen individuos a quienes la naturaleza les ha negado la delicadeza en algunos órganos, o aquellos que por falta de interés miran pasar platos suculentos sin verlos. La fisiología ha reconocido a los primeros mediante la lengua de esos infortunados seres, inhabilitados de las papillas nerviosas destinadas a inhalar y apreciar los sabores; lo único que pueden discernir son sensaciones obtusas. Esas personas son en cuanto al gusto lo que lo ciegos a la luz.

La segunda categoría se compone de individuos distraídos, con la mente ocupada en los negocios y la ambición y que creen que nutrirse es suficiente. Pero existen los predestinados para disfrutar el placer del gusto. Aceptando que existen personas que han venido a este mundo para ver mal, caminar con dificultad y escuchar con esfuerzo ya que han nacido con miopía, con capacidades diferentes o medio sordos, ¿por qué no habría otros con la predisposición de sentir más, en especial ciertas sensaciones de placer?

 

Ordenamos un Spatzle casero con Pato confitado y queso y una Sopa de Vino para comenzar. El restaurante celebraba con discreción el Oktoberfest de los alemanes con ciertos platos austriacos, una buena selección de cervezas y vinos del mismo origen. La pasta, delicada, bien mezclada con la carne deshebrada del pato y sus jugos con el queso fundido. En cuanto a la sopa, inaudita como suena, servida en plato hondo, de densidad cremosa, salpicada con crotones de canela y  napeada con sabayón. Su sabor dulzón aromado a la canela combinaba bien con el fino vino que sirvió de base para su preparación.

La ocasión demandaba un vino tinto fino, ligero pero con fuerte carácter: un clarete como les gustaba a los ingleses llamar a este tipo de vinos de Burdeos. Los mejores tintos de esa región de Francia están hechos con uva Merlot. Nos hicimos servir este vino noble para acompañar una cena esplendida.

La historia reciente de la gastronomía nos lleva por dos caminos al mismo fin: la creación de una cultura de la mesa. Si por un lado siempre han existido los grandes cocineros, por otro, han sido los gastrónomos quienes han fomentado su evolución. El gran gourmet Brillat-Savarin, hace ya más de doscientos  años, escribe en su “Fisiología del gusto”, lo siguiente: La gourmandise es una predilección apasionante, razonada y habitual por todo cuanto halaga al paladar. La gourmandise es enemiga de cualquier exceso: toda persona que coma o beba demasiado, corre el peligro de ser borrado de la lista de la cofradía. (Uno de los principios de la Chaine des Rotisseurs) La mayor virtud del verdadero “paladar fino” –gourmand- consiste en no comer nunca más de lo que pueda digerir con cordura y no beber más de lo que pueda soportar con plena conciencia.

La cocinas se desbordan, no reconocen lindes políticos y a veces se aferran a viejas naciones. Así, lo alemán se involucra con lo austriaco y con ello lo húngaro, teniendo en mente el Imperio Austro-Húngaro de la antigua Europa. Las cocinas son polinizadas por los ejércitos y los comerciantes y los productos adquieren carta de naturalización en tierras lejanas a su origen. Fue así como nuestros chiles mexicanos al aclimatarse en el país de los magiares se convirtió en paprika: la especia nacional de Hungría. Llegaron allá llevados por los comerciantes turcos cuando el Imperio turco dominaba el comercio en el mar tirreno.

 

Goulash de Ternera: ¿Algo más típicamente húngaro? Imposible. Los fértiles valles del país producen esta carne que sólo en esa parte de Europa se aprecia bien. Compartimos de común acuerdo un plato de Goulash de Ternera con papas hervidas. Somos adictos a la ternera, carne poco favorecida en nuestros restaurantes ya que no es fácil encontrarla de buena calidad. Los trozos de carne rosada, todavía con el terno  dorado de la sartén, debían bañarse con la excelsa salsa de paprika húngara para consolidar un sabor que dignifica el plato.

Los húngaros han hecho de este descendiente de nuestros chiles una variedad de sabores que van de lo dulce a lo picante. En este caso el sabor exquisito de la salsa provenía de una paprika dulzona pero con la apariencia y la densidad de alguno de nuestros adobos mexicanos.

El placer de comer lo compartimos con los animales, y presupone el hambre y lo que es necesario para satisfacerla. El placer de la mesa es peculiar del ser humano, pues supone el cuidado previo en la preparación de los platillos del menú, en la selección del lugar, los acompañantes y los complementos. El placer de comer requiere, si no hambre por lo menos apetito, mientras que el placer de la mesa es independiente de ambos.

 

En Kaiser Maximilian el ambiente es elegante y la atmosfera invitante. La música gravada instrumental permite la conversación y con ello la comunión. El escenario está puesto para una cena agradable. Compartimos la conversación con los propietarios hablando de comida. ¿De que más se puede hablar en un templo de Gasterea?

Un pequeño trozo de estrudel de requesón acompañado por buen helado de vainilla cerró el ágape que plenamente disfrutamos habiendo salido a buscar el placer de la mesa. Algo que está más allá de “salir a cenar”. Un café expreso para el caballero acompañado de una copa de grapa de buenas familias italianas fue el broche de oro para cerrar una velada placentera.A No todos   oro para cerrar un dias fue el broche de oro para cerrar undmesa. Algo que estla de la mejor calidad. Pan y mantequ

La cocina es, indiscutiblemente un arte. Pero también una técnica: Técnica y arte, articulados y presididos ambos conceptos por el gusto. Más el gusto no es sino la poética conjunción de una singular voluptuosidad de los sentidos, provocada por el aspecto, la presentación, la fragancia y el sabor que cada manjar despierta en la vista, en el olfato y las delicadas papilas de nuestro paladar.

El cocinero se hace, el gourmand nace.  Los aprendices del  oficio de cocinero deberían conocer sus habilidades gustativas pues quien no tiene gusto no sabrá bien comer y sin saber comer jamás se aprenderá a bien cocinar.

El autor es analista gastronómico

Sibarita01@gmail.com

Elsybarita.blogspot.mx

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